Es la reina de la velocidad, y sin dudas la estrella del atletismo. Ninguna prueba despierta tanto interés entre los espectadores. No es casualidad, todos quieren ver al hombre más rápido del mundo.
Estuvo presente en los Juegos Olímpicos desde el principio, cuando las pistas eran de carbonilla o césped, los andariveles estaban separados por cuerdas y el vencedor debía romper una soga al final de la carrera.
Los 100 metros van desde el borde externo de la línea de partida (por ese motivo la línea no se puede tocar) hasta el borde interno de la línea de llegada. El corredor no puede salir de su andarivel durante la carrera, ya que si loa hace corre el riesgo de ser descalificado cuando, a criterio de los jueces, haya interferido o haya intentando interferir en la carrera de los demás atletas.
Con el paso del tiempo, la superficie de la pista fue cambiando, se dejó de hacer pozos en el suelo para emplear tacos de partida y el diseño de los zapatos con clavos se volvió más ergonómico y flexible. La investigación y la experiencia mejoró los métodos de entrenamiento, la técnica de carrera y el biotipo del corredor. Todo esto ayudó a bajar los tiempos desde los 12.0 de Thomas Burke en los Juegos Olímpicos de 1986 en Atenas, hasta los 9.69 de Usain Bolt en Beijing, el año pasado.
La pregunta que muchas veces aparece, y que desde el récord de Ben Johnson hasta la fecha sigue teniendo una respuesta incierta, es hasta cuándo el ser humano podrá seguir bajando los tiempos. Y es que la cuestión del límite de la velocidad tiene dos vías de análisis. Por un lado, todo lo referente a materiales, ya sea de pista, de tacos, de calzado, de trajes y demás. Y por otro lado, el atleta, ya sea a nivel de técnica o de entrenamiento. No obstante, el límite lleva algún día, tal como sucederá también con el resto de las pruebas atléticas.
Desde la perspectiva biomecánica, la carrera no es otra cosa más que una sucesión cíclica de apoyos regulada por la economía del movimiento, la cual resulta de la relación óptima entre frecuencia de pasos y amplitud de zancada. Así, los corredores más bajos tienden a caracterizarse por una frecuencia de apoyos más alta que los atletas altos, quienes por su parte se destacan por pasos más largos.
Para terminar, pienso que por el interés que despierta y por lo fácil que resulta, se trata sin dudas de una prueba muy útil para iniciar a los chicos en las pruebas de pista. Y si bien es cierto que solamente los más rápidos van a verse favorecidos, no menos cierto es el hecho que puede servir como punto de partida para futuras postas, carreras de velocidad más larga y luego, más adelante, el resto de pruebas de pista.
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