Corriendo 10 K

25 interminables vueltas. 10 mil metros alrededor de una pista que parece no terminar nunca. Los fondistas, sin embargo, están familiarizados no sólo con la distancia, sino también con aquel extraño placer que sienten con cada vuelta. Su única conexión con la realidad es aquella campana que suena cuando restan 400 metros, y es la misma que les anuncia que el final esta cerca.

Generalmente delgados y de baja o media estatura, este grupo de corredores parece encontrar la felicidad en aquel carrusel sintético que les exige al máximo sus capacidades cardiorespiratorias. Con un estilo único y una técnica refinada y económica, apoyan sus pies un millón de veces a través de la pista en pos del triunfo.

Para la mayoría de los mortales, la prueba de 10 kilómetros es una carrera que se puede englobar junto a las de “Larga duración 2”, es decir, distancias que se cubren entre 30 y 90 minutos. Y aunque usted tuviera el récord del mundo y estuviera por debajo de los 30 minutos, lo cierto es que tampoco estaría tan lejos de dicho tiempo.

Esta primera clasificación ya nos dice muchas cosas. En primer lugar, la vía energética predomínate es la aeróbica, por lo tanto el entrenamiento del umbral anaeróbico será de capital importancia para el corredor.

También sabemos que el glucógeno muscular aportará el mayor porcentaje de energía, y que los niveles de lactacidemia se mantendrán relativamente bajos, al menos hasta tanto el corredor no aumente la velocidad hasta superar cierto nivel crítico.

En su preparación han de predominan los métodos continuos de entrenamiento. Para ser más específico y siguiendo con la orientación de Zintl (1991), los métodos serán:

  • Método continuo intensivo
  • Método continuo variable
  • Método fraccionado con intervalos largos

No es casualidad que en el entrenamiento del corredor se empleen éstos métodos. Además de las necesidades nombradas más arriba, el atleta necesita hipertrofiar el corazón, sostener un equilibrio entre producción y remoción del ácido láctico y, eventualmente, elevar su umbral anaeróbico.

Sin lugar a dudas se trata de una prueba de resistencia muy atractiva, que a lo largo de los años ha “salido” del estadio y se ha situado en las calles, para comenzar a formar parte de una de las distancias preferidas por los corredores que se inclinan más por el asfalto que por el sintético.

Como siempre, lo importante no es ganar o quebrar el récord de otro, sino ganarse a uno mismo y quebrar el propio récord, la marca, que todo corredor lleva siempre presente como punto de referencia, como rival a vencer, como obstáculo a sortear. Mucha suerte a todos aquellos que lo intentan.

Juan Carlos Zabala

Desde siempre, los Juegos Olímpicos y el Atletismo han ido de la mano. En la Argentina, hablar de atletismo es hablar de un deporte que practican hombres y mujeres que desconocen el asedio de la prensa, los clubes italianos, las altas cotizaciones y los mundiales millonarios. Sólo algunos atletas, tal vez los más aptos, logran en el pináculo de su carrera apenas gozar de un instante de popularidad, y luego vuelven al olvido.

En este lamentable circuito cayeron muchos corredores, saltadores y lanzadores que hoy, muertos o retirados, constituyen un ejemplo de perseverancia y lucha pocas veces imitado. Nuestro deber es resaltar sus nombres y mostrar un camino. A veces hablaré de ellos y otras veces comentaré sobre la situación actual. Conocer la historia pero también el presente será la mejor herramienta para lograr que el atletismo argentino crezca.

Hoy quiero invitarlos a descubrir una leyenda: Juan Carlos Zabala. Tal era el nombre del “ñandu criollo”, un pibe quien con sólo 19 años se alzó con la medalla de oro de la prueba madre del atletismo: la maratón. En agosto de 2008 se cumplirán 76 años de su hazaña, sólo igualada en 1948 por Delfo Cabrera.

Corría el año 1932 cuando la ciudad de Los Angeles se vió sacudida por la inesperada victoria de un menudo joven de 56 kilos y 1,52 de estatura, quien además se dio el lujo de imponer un récord olímpico cubriendo los 42.195 metros en 2h 31m 36seg.

Nacido en Rosario, Santa Fe, el 21/9/12, Juan Carlos Zabala pasó a la historia como el primer argentino en ganar una medalla dorada y cosechar una serie de éxitos pocas veces vista: batió el récord mundial de los 20 kilómetros en 1936, obtuvo 194 victorias en carreras internacionales, 5 títulos sudamericanos y 4 títulos argentinos en diferentes distancias.

El 24 de enero de 1983 Juan Carlos Zabala se fue pero dejó una enseñanza, una idea que otros pueden tomar y seguir, una frase que dibuja el perfil de un atleta completo y preparado: “Yo gano la maratón o me recoge una ambulancia”.