El ATR

Desde que Matveiev expuso su idea de las fases del desarrollo, la planificación deportiva comenzó a escribirse sobre bases científicas. A partir de las etapas de adquisición, estabilización y pérdida, los entrenadores han elaborado sus períodos de entrenamiento en forma rigurosa y sistemática.

El modelo tradicional que divide al calendario deportivo en macrociclos y microciclos permite al entrenador llevar un control detallado de sus entrenamientos, convirtiéndose así en una pieza fundamental en el engranaje del rendimiento deportivo.

Sin embargo, este modelo tan útil en deportes individuales, en ocasiones no alcanza para el tipo de planificación que se necesita en los deportes de conjunto. Pensado para ciclos más largos, el método tradicional pocas veces contempla el importante número de encuentros semanales que tiene un equipo. Si a esto le sumamos el hecho de que a veces hay hasta dos partidos por semana, vemos como se hace evidente la necesidad de un tipo de planificación más específica.

Bajo la idea de concentrar y acentuar las cargas, aprovechando mejor el tiempo y adaptándose al calendario, nació la idea del ATR. El concepto llega de manos del entrenador Yuri Verjoshanskij, quien designó a los ciclos de entrenamiento un nombre acorde a sus objetivos:

  • (A) Acumulación
  • (T) Transformación
  • (R) Realización

En la fase de acumulación, el entrenador busca sentar las bases del rendimiento deportivo. Puede trazarse un paralelismo con el período preparatorio de la planificación tradicional. Suele ser el momento empleado para el trabajo de fuerza máxima en combinación con entrenamientos aeróbicos. También pueden hacerse ajustes desde el desarrollo de la hipertrofia.

En la fase de transformación, el trabajo se vuelve más específico y las capacidades condicionales ya no se trabajan desde las bases, sino desde sus correspondientes vertientes. El entrenamiento de fuerza se orienta a la potencia mientras que el de resistencia se orienta a mejorar la transición anaeróbica-aeróbica. Aparecen trabajos técnicos y tácticos y su integración con el componente físico.

En la fase de realización, se llevan a cabo trabajos en base a lo conseguido optimizando los efectos del entrenamiento. El trabajo se vuelve más integral, al tiempo que los ejercicios técnico-tácticos recobran protagonismo. Es el período indicado para explotar la velocidad.

La planificación moderna presenta una serie de características que la distinguen claramente de la planificación tradicional:

  1. El entrenamiento se focaliza en una o dos capacidades específicas
  2. Los mesociclos van de 14 a 18 días, lo justo como para producir una adaptación exitosa
  3. Las cargas de entrenamiento son concentradas, lo cual permite un mayor control y una mejor organización
  4. Permite mantener un nivel alto de exigencia por más tiempo
  5. Sus efectos son casi inmediatos

Si bien hemos dicho que la duración promedio va de 14 a 18 días, no hemos explicado su razón de ser. La elasticidad de los mesociclos esta determinada por la concreción de los objetivos. Por tal motivo, el entrenador puede agregar ciclos (o quitarlos, si acaso la planificación ya estaba escrita) cuando observe que la adaptación buscada se presenta más tarde o más temprano. Así, puede planificar dos ciclos de acumulación si piensa que uno solo no es suficiente, o puede quitar uno si observa que se han alcanzado los objetivos antes de lo propuesto.

Finalmente no olvidemos que se trata de un complejo sistema de planificación del entrenamiento, muy difícil de poner en marcha y muy difícil de sostener por el gasto físico que representa. Sólo cuando hayamos conseguidos entender los fundamentos de la planificación tradicional y contemos con un grupo experimentado podremos poner en marcha un modelo ATR. Hasta entonces, sigamos leyendo y probando.

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