Juan Carlos Zabala

Desde siempre, los Juegos Olímpicos y el Atletismo han ido de la mano. En la Argentina, hablar de atletismo es hablar de un deporte que practican hombres y mujeres que desconocen el asedio de la prensa, los clubes italianos, las altas cotizaciones y los mundiales millonarios. Sólo algunos atletas, tal vez los más aptos, logran en el pináculo de su carrera apenas gozar de un instante de popularidad, y luego vuelven al olvido.

En este lamentable circuito cayeron muchos corredores, saltadores y lanzadores que hoy, muertos o retirados, constituyen un ejemplo de perseverancia y lucha pocas veces imitado. Nuestro deber es resaltar sus nombres y mostrar un camino. A veces hablaré de ellos y otras veces comentaré sobre la situación actual. Conocer la historia pero también el presente será la mejor herramienta para lograr que el atletismo argentino crezca.

Hoy quiero invitarlos a descubrir una leyenda: Juan Carlos Zabala. Tal era el nombre del “ñandu criollo”, un pibe quien con sólo 19 años se alzó con la medalla de oro de la prueba madre del atletismo: la maratón. En agosto de 2008 se cumplirán 76 años de su hazaña, sólo igualada en 1948 por Delfo Cabrera.

Corría el año 1932 cuando la ciudad de Los Angeles se vió sacudida por la inesperada victoria de un menudo joven de 56 kilos y 1,52 de estatura, quien además se dio el lujo de imponer un récord olímpico cubriendo los 42.195 metros en 2h 31m 36seg.

Nacido en Rosario, Santa Fe, el 21/9/12, Juan Carlos Zabala pasó a la historia como el primer argentino en ganar una medalla dorada y cosechar una serie de éxitos pocas veces vista: batió el récord mundial de los 20 kilómetros en 1936, obtuvo 194 victorias en carreras internacionales, 5 títulos sudamericanos y 4 títulos argentinos en diferentes distancias.

El 24 de enero de 1983 Juan Carlos Zabala se fue pero dejó una enseñanza, una idea que otros pueden tomar y seguir, una frase que dibuja el perfil de un atleta completo y preparado: “Yo gano la maratón o me recoge una ambulancia”.