La prevención de lesiones

Como entrenador, continuamente recibo consultas acerca de cómo tratar tal o cuál lesión. Mi respuesta suele ser siempre la misma: “te puedo aconsejar, pero lo ideal es que visites a un kinesiólogo”. Y la mayoría de las veces escucho críticas por derivar a muchos con el nutricionista o, como en este caso, al kinesiólogo. Pero tenemos que entender que es especialista es especialista por algo.

Ahora bien, ¿qué podemos hacer los entrenadores y preparados físicos con respecto a las lesiones? Muy sencillo: prevenirlas. No es un tema menor, al contrario. No sólo estaremos preservando la salud de nuestros deportistas, sino también ahorrando mucho tiempo.

Veamos una serie de tips que contribuirán a la prevención de lesiones:

1.       La entrada en calor

 Parte imprescindible del entrenamiento. Los músculos trabajan mejor cuando se eleva la temperatura corporal. La coordinación intra e inter muscular se agudiza y el organismo se predispone a la actividad. No voy a extenderme mucho en este apartado, la idea simplemente es recordarles que esta etapa debe existir siempre, aunque sea para aprovecharla desde el punto de vista psicológico.

2.       La vuelta a la calma

Tantas veces olvidada y muchas veces desdeñada, la vuelta a la calma permite un descenso suave y menos abrupto de ciertos valores fisiológicos, como la frecuencia cardíaca y la tensión arterial. Acelera la recuperación al tiempo que permite que la deuda de oxígeno se pague más rápido. La elongación no debe ser tan profunda y extensa, pero debe estar presente. Lo mismo para un trote suave y ligero sobre terreno blando.

3.       Desarrollo de la musculatura antagonista y sinergista

Este es un motivo “clásico” de lesión. Trabajamos el bíceps y nos olvidamos del tríceps, trabajamos el cuádriceps y nos olvidamos de los isquiotibiales, y así, hasta que finalmente el miembro débil del dúo estalla. Ningún movimiento se realiza por la simple acción concéntrica de un músculo, sino que muchas veces existe una musculatura opuesta que debe relajarse, y por otro lado una musculatura que acompaña a sostener firmemente la articulación. Por eso, deberían incorporarse ejercicios para su desarrollo.

4.       Fortalecer los ligamentos antes que los músculos

El tejido conectivo es fuerte y resistente, pero toda articulación debe ser trabajada y preparada antes de comenzar con un entrenamiento sistemático de fuerza. Un ejemplo común es el entrenamiento de la saltabilidad. No deberíamos emprender un trabajo de saltos sin haber fortalecido debidamente la articulación del tobillo, ya que el riesgo de lesión es muy alto.

5.       Trabajar la propiocepción

El desarrollo de la propiocepción tiene que ver, en parte, con lo que mencionamos antes acerca del entrenamiento de la musculatura sinergista y del fortalecimiento de las articulaciones. Pero además, el trabajo propioceptivo trae otro beneficio aparejado: ayuda a desarrollar un músculo “inteligente”, capaz de adaptarse a diversas situaciones, mejorando y maximizando su potencial. Y lo mejor: podemos incorporarlo en cualquier parte de nuestros entrenamientos, sin contar con demasiados recursos.

6.       Observar la calidad técnica de los ejercicios

Parece una tontería, pero muchas veces descuidamos la ejecución técnica de los ejercicios. Quizá por falta de tiempo, quizá porque son simples, quizá porque pensamos que ya están aprendidos. Sea por el motivo que fuera, siempre debemos estar pendientes de la ejecución técnica. Y no sólo porque una correcta ejecución técnica brinda economía de movimiento, sino porque además, si la ejecución tiene errores, corremos el riesgo de incorporar el error y, por sobre todas las cosas, causar una lesión.

7.       Respetar los tiempos de recuperación

Aquí no solamente nos estamos refiriendo a las pausas que se dan dentro de una sesión de entrenamiento, sino también a la cantidad y a la calidad del tiempo que hay entre sesiones. Un deportista no sólo debe dormir al menos ocho horas de corrido, sino que además deben ser lo más plácidas y confortables posibles. Si esto no sucede, puede suceder que no se alcance la recuperación completa, y ante exigencias muy alta, aparezca la lesión.

8.       Aplicar terapias de rehabilitación

Quizá éste sea uno de los puntos más difícil de cumplir. Sumergir las extremidades en agua helada, aplicar un masaje terapéutico, tener una sesión de electroestimulación y demás, suelen ser recursos que aceleran la recuperación y dejan al deportista en mejores condiciones para afrontar futuros entrenamientos. Este punto tiene mucha relación con el que tratamos anteriormente.

Conclusiones

Como se puede observar, las medidas para prevenir lesiones son muchas y variadas. Y podríamos agregar más: cuidar la alimentación, implementar un plan preventivo, realizar sesiones específicas de flexibilidad, llevar a cabo consultas periódicas con un kinesiólogo, equipar a nuestro plantel con plantillas, etc.

Está claro que nada garantiza que nuestros jugadores no se lesionen, pero también está claro que hay acciones preventivas que podemos implementar para minimizar esos riesgos. La idea es que no nos pregunten cómo tratar una lesión, sino simplemente “¿qué vamos a hacer hoy?”.

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