Por qué NO usar el Test de Cooper

Todo testeo tiene un creador. A veces tenemos suerte de saber quién fue, y otras no tanto. Además, en ocasiones no sólo conocemos a su creador, sino que podemos acceder a su trabajo original, de forma tal que podemos leer de su puño y letra cada paso en su camino hacia el test finalizado. Esta es la suerte que corremos con el Test de Cooper, un test harto conocido cuyo trabajo original, que ha tiene más de medio siglo, es relativamente fácil de conseguir y nos permite leer al autor casi sin intermediarios.

Ahora, ¿por qué NO usar el test de Cooper? Desde ya, este artículo sólo hace una recomendación: cada uno es libre de evaluar a sus deportistas de la forma que quiera. Pero vamos a dar una serie de motivos por los cuales consideramos que ya no habría que usarlo.

Sabemos que el test es económico, fácil de realizar, aplicable a grandes grupos y supuestamente validado a lo largo del tiempo a través de una infinidad de usos (decimos supuestamente porque es sabido que el test se aplica y en ocasiones con un desconocimiento bastante importante del protocolo del mismo)

Pero he aquí algunas cuestiones que nos invitan a repensar su empleo. Por ejemplo:

  • La muestra para el estudio del test fueron 115 oficiales y pilotos de sexo masculino de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, siendo el promedio de edad de 22 años. (Cooper, 1968). Una muestra bastante distinta de los niños y niñas latinoamericanos del siglo XXI.
  • Según Cooper, (1968), la correlación del test fue de 0.897. Sin embargo, otros estudios han llegado a índices mucho más bajos.
  • Cooper reconoce que la exactitud de la estimación está directamente relacionada a la exactitud del sujeto. Lo cual es muy cierto. Tan cierto como que actualmente la aplicación del test se ha vuelto tediosa para deportistas que prefieren y responden mejor a otro tipo de evaluaciones
  • El test fue publicado en 1968, es decir que ya tiene 47 años. Que el test tenga casi medio siglo se convierte en un dato menor cuando vemos la bibliografía que utiliza Cooper, y que en algunos casos data de 1942 (72 años)
  • En su trabajo, Cooper ofrece una tabla de valoración expresada en millas. Pero no debemos olvidar la muestra de la tabla, tanto en su composición como en su historicidad. Por otro lado, polulan tablas (sobre todo por internet) que dicen ser del Test de Cooper, pero nunca sabemos si es así realmente, o en base a qué población se realizaron, o en qué momento.

Hasta aquí una somera lista de afirmaciones acerca de por qué NO usar el Test de Cooper. Podríamos citar otras tanto, más o menos técnicas, pero nos parece suficiente con lo expuesto. Queda claro que estamos reproduciendo un test que no es representativo de las poblaciones que evaluamos, que ha caducado en el tiempo y que ha dejado de ser motivante para los deportistas.

Nos parece adecuado centrarnos en las alternativas al Test de Cooper. Pero más importante que dichas alternativas, es tener en cuenta ciertos elementos que deben guiarnos a la hora de elegir un método de evaluación. Es decir, qué elementos voy a tener en cuenta cuando vaya a realizar un test. Veamos algunos:

  • Población: Ubicar el trabajo original para conocer la población sobre la que se realizó el trabajo de investigación es fundamental. Ese dato puede darnos una idea bastante precisa de si podemos aplicarlo en nuestra propia población.
  • Historicidad: Que un test tenga muchos años no es sinónimo de que sea inválido. Pero es importante notar que a veces los entrenadores se vuelven conservadores y no cambian sus métodos por costumbre. Los nuevos testeos suelen recibir un escrutiño mayor.
  • Practicidad: que el test sea económico, fácil de realizar, aplicable a mi población, y motivante para realizar. El test de Cooper cumple con casi todos los preceptos, pero el último de todos ha demostrado, sobre todo en los últimos años, una importancia capital. Desafortunadamente el test de Cooper presenta otro problema, y es su falta de especificidad.
  • Tablas: ubicar tablas e identificar positivamente la población y, en lo posible, el año en que dicha tabla fue confeccionada. Si tales datos no son posible de conseguir, sugerimos crear tablas propias. Si estoy confiado en un test y no encuentro tablas, es preferible crear las propias antes que emplear otras que no tengo posibilidad de saber quién las hizo, ni con qué criterio, ni con qué muestra.
  • Autor: Hoy es muy fácil conocer a un autor. Basta con leer con cierta regularidad los sitios especializados en ciencias del entrenamiento para saber si se trata de un autor con trayectoria o no. Está claro que un test creado por Mike Izquierdo o Navarro Valdivieso no tendrá la misma credibilidad que uno desarrollado por Eric Vallodoro.

Para sintetizar, quedan libres de elegir que testeo emplear. Lo fundamental de esta entrada no era destruir al test deCooper, sino tomar conciencia acerca de lo importante que es remitirse a los trabajos originales. Pero recordemos que no sólo podemos acudir a los trabajos originales. Hoy tenemos sitios como el Colegio Americano de Medicina del deporte y otras tantas instituciones que bridan declaraciones de posición y/o investigaciones de vanguardia que nos permiten estar actualizados y acceder a los dichos del autor sin intermediarios, salvo algún traductor de internet, que siempre es bueno tener a mano.

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https://entrenamientodeportivo.wordpress.com/2008/03/10/el-test-de-cooper/

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