Transtornos de la alimentación: Bulimia y Anorexia

El hombre tiene su herencia. Una herencia de costumbres y hábitos, virtudes y vicios que lleva miles de años. Tan grande es ésta herencia que para conservarla, la especie humana ha empleado su propio código genético como caja fuerte. A primera vista este legado no parece tener relación alguna con las modelos 90-60-90, los vestidos de talle chico o los alimentos diet. Sin embargo, cuando analizamos los males de nuestro tiempo, debemos mantener nuestra mente abierta para encontrar un nexo que explique porque llegamos hasta aquí.

Año tras año, desórdenes alimenticios como la bulimia o la anorexia acaban cn la vida de cientos de jóvenes alrededor del mundo. En mayor porcentaje se trata de mujeres, aunque los hombres no están exentos.

La aceptación y el rechazo, el estar a tono y evitar el “qué dirán”, la imagen y el verse bien con unos kilos menos, todas éstas razones y muchas otras sirven de excusa para caer en una red tendida por una sociedad que ha olvidado su herencia y ha optado por nuevos modelos. Hoy por hoy no importa estar sano… importa verse bien.

Haciendo historia, vemos que el hombre apareció en la tierra hace un millón de años. Durante 995.000 años, éste hombre cazador – recolector debió recorrer extensas llanuras siguiendo los ciclos estacionales. Fueron tiempos donde la comida era escasa y las reservas de energía eran fundamentales para la supervivencia. Durante esos años, los “kilitos de más” determinaron la continuación de la especie. Una especie que recién hace 5000 años se volvió sedendatia y comenzó a cultivar la tierra. Una especie que recién hace 50 años dominó la técnicas de refrigeración de los alimentos.

Ahora esos “kilitos de más” nos estorban. Mediante ridículas dietas exprés tratamos de eliminarlos. Y muchas veces no porque nos sintamos mal, sino porque “nos vemos” mal. Y los medios gráficos y televisivos nos venden un modelo impropio, algo que va contra el legado de cientos de miles de años. Pretenden incluso, con total osadía e ignorancia, borrar nuestro código genético con el agravante además de socabar la personalidad de cientos de jóvenes a través de mensajes subliminales que crean culpa y el hábito de dejar de comer para tener aceptación social.

Resulta muy difícil ver gordos o feos, no vemos acné o caries, sólo vemos perfectos monigotes, prolijamente vestidos y adornados, quienes inconscientemente nos dicen que ellos son el modelo a seguir y que todo lo que no encaje está mal. Te dicen que hacer y que decir, te dicen como vestir y que comer, te dicen que está mal o bien.

Y lo más trágico es que alcanzan el éxito. Nuestros jóvenes consumen este veneno, se intoxican de mentiras que atentan contra su propia vida al darle la espalda a su herencia genética. Miles de chicas impulsadas por la imagen perfecta de la publicidades de ropa interior sólo aprenden a despreciar su cuerpo y a maltratarlo restringiendo la ingesta de nutrientes que son esenciales. Suprimen las grasas, fundamentales para el recubrimiento celular, suprimen las proteínas, que son la base de la recontrucción muscular, y suprimen los hidratos, la única fuente de energía del cerebro.

Hace un millón de años el hombre sabía que tener unos kilos más no era malo. De hecho, distintas representaciones de distintas civilizaciones antiquísimas nos dejan perplejos en su representación de la fertilidad y la fecundidad. Aquí y allá, estatuas y pinturas de mujeres obesas son el testimonio de su adoración por parte del hombre primitivo. Y esto no es casualidad… la mujer obesa sobrevivía porque tenía reservas de alimento.

Si la televisión apenas cumple 50 años… ¿cómo pretendemos borrar un legado que lleva veinte mil veces ese tiempo? ¿No será el momento de abrir la mente de nuestros jóvenes para que ellos mismos puedan dejar de lado a estos modelos fabricados? Si pensamos en que la bulimia y la anorexia son simplemente desórdenes de la alimentación estaremos en un grave error. Y no porque esto sea incorrecto, sino porque no indagamos en las causas que lo producen, lo cual es el verdadero origen de éste mal.

La importancia del nutricionista

Nutrición es una carrera universitaria diseñada para ser llevada a cabo, como mínimo, en cinco años. Y esto es igual tanto en instituciones privadas como públicas. Cinco años es mucho tiempo. Es válido pensar, entonces, que no se trata solamente de armar dietas, diseñar planes, conocer la composición de los alimentos o saber qué y cuándo comer. Y sin embargo, descartamos al nutricionista… no lo tenemos en cuenta. Todos pretendemos saber “cuidarnos” y, como sabemos “algo” de “algunos” alimentos, ya nos creemos especialistas.

Pero descartar al nutricionista es un grave error. El nutricionista es un profesional que conoce a los sistemas energéticos y a su interacción, puede establecer relaciones clave entre el entrenamiento y la dieta y posee un caudal de información específica que resulta fundamental en el proceso de preparación de un atleta.

Muchas veces habrán leído (y lo seguirán haciendo) que siempre recomiendo visitar al nutricionista cuando me plantean alguna consulta referida a la alimentación. Esto no es porque prefiera no contestar, sino porque no esta bien meterse en un terreno que no es el propio. Hablar sobre nutrición sería un gesto irresponsable de mi parte. Y esto es lo que me lleva a mi próximo punto.

El instructor del gimnasio se ha capacitado para enseñar y planificar ejercicios tenienda en cuenta los diversos componentes de la carga (volumen, intensidad, etc), pero no se ha capacitado para decirnos que comer… y muchos menos que suplementos tomar. Muchos hablan desde su experiencia, sin tener en cuenta el marco teórico en el que se sustenta cada consejo que dan. Y ni hablemos de obviar por completa el principio de individualidad de las cargas.

Los vendedores de tiendas naturitas, por su parte, tampoco tienen la formación suficiente como respaldar sus recomendaciones. Ellos simplemente venden. Y la química de los alimentos es muy importante ya que se requiere de alguien calificado para su interpretación.

Entrenamiento, descanso y alimentación son pilares en la formación de un deportista, y se requiere de un especialista para cuidar cada elemento. Cada vez que tengas dudas acerca de qué comer, cuándo y cómo, saquen un turno con el nutricionista. Si se trata de uno especializado en deportes, mejor todavía. Lo importante es no dejarse llevar por el consejo de amigos o instructores y escuchar a las personas que se han formado en ese temas específico.

Posts relacionados: