Dóping sanguíneo

La búsqueda del récord ha llevado a los atletas a cruzar límites insospechados. Resulta difícil imaginar a los deportistas de los primeros Juegos Olímpicos poniéndose a pensar en formas tan refinadas, sutiles e ilegales para ganar una competencia. El dóping sanguíneo es una ellas.

Ahora bien, ¿de qué se trata el famoso dopaje de sangre? Veamos la metodología clásica para entenderlo: un atleta cumple su entrenamiento en la altura, incrementa sus glóbulos rojos, vuelve al llano pero extrae cierta cantidad de sangre que guarda en el congelador, para ser posteriormente devuelta al cuerpo, casi siempre antes de una competencia importante. En otras palabras, guarda en el freezer los efectos del entrenamiento para ser utilizados cuando sea necesario.

La efectividad del método fue constatada por Ekblom, Goldbarg y Gullbring en 1972, cuando mostraron las mejoras obtenidas por los sujetos que habían participado en su investigación sobre el dopaje sanguíneo. Posteriormente, Buick y cols. (1980) no solo llegaron a las mismas conclusiones, sino que además aportaron datos suficientes como para entender con más claridad el fenómeno.

Y es aquí donde aparece una pregunta obvia: ¿es realmente doping? Es verdad que quienes lo utilizan lo hacen en pos de una ventaja deportiva, y también es verdad que no todos cuentan con los recursos (materiales, humanos, etc) como para realizarlo. Sin embargo, nadie puede negar que “yo cumplí” con mi entrenamiento de altura, y simplemente me estoy “guardando” los efectos para cuando los necesite. No es muy distinto de recibir una herencia y esperar al momento oportuno para gastarla.  ¿Es injusto? Probablemente. Pero no por eso es desleal o deshonesto: muchos atletas no tienen dinero para comprar creatina, y no por eso se juza a quienes sí pueden comprarla.

Posiblemente sea distinto el caso de los deportistas que reciben la sangre de otra persona con el mismo grupo y factor. Este tipo de transfuciones es conocido como “homólogas”, mientras que cuando se trata de la propia sangre hablamos de transfuciones “antólogas”.

¿Es detectable? Para bien o para mal, el dopaje sanguíneo no es detectable salvo a través de ciertos valores que pueden presentarse como irregulares en un análisis de sangre. Pero quizá la cuestión más importante sea si es seguro o no. La respuesta en este caso es muy concreta: no, no lo es.

Tal como lo afirman Costill y Willmore (1997), “añadir más sangre al sistema cardiovascular puede sobrecargarlo, haciendo que la sangre se vuelva demasiado viscosa, lo cual puede producir su coagulación y posiblemente insuficiencia cardíaca”. Y esta claro que en trasnfuciones homólogas pueden aparecer incompatibilidades, reacciones alérgicas, etc. Finalmente, el riesgo de contraer una enfermedad no detectada siempre es una posibilidad.

Los riesgos potenciales del dopaje sanguíneo, cinluso sin considerar los aspectos legales, morales y éticos, sobrepasan cualquier beneficio.