El entrenamiento de la velocidad en los deportes acíclicos

Desde el judo hasta el handball y desde el tenis hasta la escalada deportiva, hay un hilo conductor que une a los deportes con pelota con los de combate y situación: su carácter acíclico. Esto es fundamental para comenzar a entencer de qué manera deben encararse a las distintas sesiones de entrenamiento, más allá del trabajo propio de la velocidad.

En los deportes acíclicos, la sucesión de diversos gestos técnicos se da de manera aleatoria, es decir, sin ningún tipo de orden. De eso se tratan los deportes acíclicos. La situación cambiante del juego hace que un jugador decida pasar la pelota, retenerla, patearla, trasladarla, etc. Y no sólo eso, acciones propias e individuales como un golpe de puño o una patada tambien son únicas e irrepetibles, ya que se trata de movimientos con un inicio y un final bien marcados.

Todo esto no es más que una introducción para el entender algunos conceptos claves en el entrenamiento de la velocidad. El primero de ellos es que no se puede entrenar en un deporte acíclico de la misma manera que en un deporte cíclico. En otras palabras, no se puede entrenar a un jugador de voley o hockey haciendo pasadas de 40 o 50 metros: aun cuando puedan presentarse situaciones de juego donde haya carreras sobre dichas distancias, no estamos teniendo en cuenta ciertos aspectos básicos de los deportes de conjunto: el oponente, la pelota y los compañeros.

La velocidad en los deportes acíclicos se manifiesta de manera muy diferente a de lo que lo hace en los deportes cíclicos. Un jugador de fútbol debe acelerar y desacelerar no sólo en línea recta, sino prácticamente sobre cualquier dirección y sentido. Debe saber cuando frenar, girar, avanzar o retroceder en función de todo lo que observa.

Y eso no es nada. Todos estos desplazamientos puede estar realizándolos a medida que traslada una pelota, algo que tampoco sucede en el atletismo. Y así es como llegamos a nuestra segunda clave: la velocidad no debe entrenarse en línea recta, sino a través de circuitos con desplazamientos alternos que incluyan, en ocasiones, una pelota.

Finalmente, falta comprender otros aspecto de la velocidad cíclica: todo lo que hace un jugador tiene una intencionalidad fundamentada en la situación de juego.  Esto equivale a decir que la velocidad esta al servicio de la toma de decisión. Y este es el tercer punto clave: en los deportes acíclicos la velocidad debe entrenarse a través de ejercicios que incluyan toma de decisión.

Para terminar, vale aclarar que a diferencia de lo que sucede en los deportes cíclicos, la velocidad en los deportes acíclicos es un medio para un fin, y no un fín en sí mismo. El corredor de 100 metros debe entrenar la velocidad pura en línea recta sin preocuparse por sus oponentes y una pelota, y justamente de eso se tratan los 100 metros. Pero un jugador necesita de la velocidad en un sentido más amplio: no sólo para realizar acciones más rápidas, sino también para decidir más rápido y anticipar más rápido.

Por todo esto, es importante cambiar nuestra concepción de la velocidad y de su entrenamiento, poniéndola, como se debe, dentro de un marco de especificidad, tal como lo marcan los principios del entrenamiento deportivo.

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