La inversión del trabajo piramidal de fuerza

Todos conocemos el tradicional método piramidal para el desarrollo de la fuerza muscular: no hace falta más que comenzar con 8-10 repeticiones con el 70%, para luego ir aumentando dicha intensidad a medida que desciende el número de repeticiones. El éxito de la pirámide de fuerza radica en el hecho de que combina 2 métodos: el de las repeticiones en la parte baja (volumen), y el de los esfuerzos máximos en la parte alta (intensidad.

Sin embargo, un análisis realizado por Zatsiorski (1966) reveló interesantes conclusiones. Lo que Zatsiorky advirtió fue que los deportistas economizaban esfuerzos al principio, porque sabían que la carga después aumentaría. A esto, que ya de por sí no era una buena noticia, se le sumaba algo más: aun cuando lo quisieran, siempre llegaban con algo de fatiga a la parte alta… ¡justo cuando los esfuerzos son máximos!

Otros autores (Mc Donagh y Davies, 1984) acordaron con el análisis, que dejaba en claro las desventajas ofrecidas por el método piramidal.

Así nace la propuesta de invertir la pirámide, privilegiando esfuerzos de calidad al principio (después de la entrada en calor) para terminar con series más largas o cargas más ligeras (Cometti, 2002).

Esto no quiere decir que el método tradicional de pirámide no sirva, sino simplemente se trata de una “vuelta de tuerca” que brinda una nueva forma de aplicación.