Handball: La preparación física del ataque

El ataque representa el momento de descanso del equipo. Aun si mi equipo juega al contraataque y/o al “medio rápido”, esta claro que si estoy cansando bajo el ritmo de juego. Esta claro que la ley de pasivo me obliga a jugar, pero eso no quita que la cantidad de atención (y por ende, de tensión) es mayor en la fase defensiva que en la ofensiva.

En el ataque priman acciones veloces y explosivas. Tanto el papel del pivot como arma del ataque y de los laterales y extremos a la hora del lanzamiento son clave.

Para el juego 1×1 cobra importancia la masa muscular y la velocidad de las acciones (fintas, pases, lanzamientos).  

Para el preparador físico, hay dos aspectos tácticos del ataque para trabajar:

1) El contraataque

El contraataque es, por definición, una acción que requiere velocidad. Ya sea por parte del arquero o un jugador central, se necesita velocidad y precisión para buscar a un compañero adelantado y pasarle la pelota. El jugador que recibe, por lo general un extremo o un central designado, debe avanzar hacia el arco contrario con o sin pelota, recibirla en caso de no poseerla, y realizar una carrera ligeramente curva en dirección al centro del área, ampliando así su ángulo de tiro.

Aquí se hace evidente la importancia del trabajo de fuerza y velocidad, como así también su integración con los gestos técnicos y los elementos tácticos. El jugador necesita de una velocidad cíclica pero también gestual, y de la fuerza necesaria para producir contragolpes que sean efectivos.

En el caso de los extremos, el trabajo de potencia y velocidad será exclusivo en esta fase del juego. Deberán llevar a cabo trabajos con y sin pelota, variando el tipo de oposición pero nunca eliminándola por completo. Sin embargo, esta velocidad y esta potencia no sólo estarán puestas al servicio del contraataque per se, sino también de situaciones derivadas.

Si el contragolpe no funcionara, los jugadores en poder de la pelota deberán conservarla hasta tanto el resto del equipo consiga alcanzar sus posiciones ofensivas. Es posible que en el transcurso de esta situación deba realizar acciones de finta o desmarque, o incluso soportar fuertes tomas o duras caídas tras una falta. Será necesario trabajar la fuerza en todas sus formas a fin de contrarrestar los efectos producidos tras estos enfrentamientos.

2) El ataque posicional

El ataque posicional se caracteriza por su alto grado de organización, trabajado desde luego en todas las sesiones de entrenamiento. El sistema tradicional de ataque es el sistema 3:3

Aquí el pívot se encuentra más allá de la línea de los 9 metros, representando un peligro inminente para el oponente. Debido a eso, es el jugador que recibirá la mayor carga física debido a las luchas que se producen tanto en el seno de la defensa (la parte central) como en las afueras.

El pívot pondrá su “cuerpo” en el más literal de los sentidos para llevar a cabo con éxito el ataque. Dicho ataque será comandado por el central, quizá el jugador con más experiencia y el más inteligente del equipo a la hora de “leer” situaciones.

En éxito del ataque posicional radica en dos cuestiones fundamentales:

1. la velocidad de desplazamiento

2. la velocidad de circulación de la pelota

Los jugadores, tanto central como armadores y extremos, deben moverse con soltura y rapidez a lo largo de la cancha y en todas las acciones y combinaciones tácticas que realicen. No tiene ningún sentido realizar un cruce si se hace trotando.

Por otro lado, la pelota debe “volar”. Es fundamental para el ataque que la pelota viaje de un lado al otro con la mayor velocidad y precisión posible, a fin de generar espacios en la defensa que pueden ser posteriormente aprovechados.

La capacidad de lanzamientos externos de un equipo finalmente radica en las posibilidades de sus jugadores para general velocidad cíclica y transferirla a un salto que supere la defensa y además permita un lanzamiento explosivo hacia el arco. En todas los casos, también estos lanzamientos tendrán que ver con el trabajo propio de la potencia

 

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Handball: preparación física por puesto específico: el pivot

El caso del pívot, por ejemplo, es emblemático. Se trata de la principal arma de ataque de la que dispone un equipo. Tan importante que hoy por hoy la mayoría de los equipos trabaja los desdobles de manera asidua, en búsqueda se poner un segundo pivot sobre la línea de defensa. Por distintos motivos, la figura del pívot ha sabido orientarse hacia dos tipologías bien diferenciadas. Por un lado encontramos al pívot de importante dimensiones físicas, un jugador alto, ancho, con poca movilidad en lo que hace a su función en el esquema técnico, pero con gran destreza en lo que hace a la técnica. Y por otro lado tenemos al pívot más bien delgado y bajo, veloz en los desplazamientos y que no suele permanecer demasiado tiempo en un lugar. En ambos casos estamos hablando de un jugador que recibe golpes, empujes y tomas constantemente.

El pívot debe ser rápido, fuerte y potente. Debe tener la capacidad de desplazarse rápidamente hacia el arco contrario, ya sea con o sin la pelota, tratando de mantener su campo visual.  Debe tener la capacidad de recibir y pasar la carrera, fintear y lanzar desde posiciones poco ortodoxas, y entrar y salir de la defensa según el juego lo demande. Se deberán emplear tanto trabajos de velocidad cíclica con pelota y sin ella, variando los flancos y las situaciones de presión. Para los trabajos de velocidad acíclica será fundamental el encadenamiento de acciones varias, como el pase y la recepción seguida del lanzamiento.

El pívot debe ser fuerte. Debe soportar las fuerzas externas que intentan sacarlo de posición como así también la presión derivada de las luchas por la pelota o las tomas a las que se vea sometido. Quizá sea uno de los pocos jugadores que pueda sacar provecho del entrenamiento isométrico, útil en situaciones en donde debe mantener una posición a costa de los empujes que recibe. Para el trabajo de fuerza específica respecto de las luchas y tomas, deberá realizar trabajos con pesos libres, especialmente discos, lo cual le permitirá fortalecer de manera dinámica todo el tren superior.

Finalmente, el pívot debe tener tanto la velocidad como la agilidad necesaria para librarse de los defensores y poder concretar su accionar ofensivo en un lanzamiento. Requerirá de trabajos que lo preparen para soportar la caída propia del lanzamiento con caída, a la vez que deberá trabajar la potencia para conseguir un gesto que pueda producir un daño en el arco contrario.

La resistencia, si bien debe trabajarse en el pívot, no será de capital importancia, sobre todo si es un pívot que sale durante las fases defensivas. Y si bien es verdad que en el esquema defensivo tendrá una función asignada, en la mayoría de los casos será el último jugador en volver del repliegue, momento en el que tal vez la situación ya haya sido resuelta, y necesite volver al ataque.