La velocidad de reacción

“Qué reflejos los del arquero”, suele ser la frase con la que muchos periodistas y relatores tratan de graficar la destreza de un portero a la hora de quitar pelotas difíciles. Nada más alejando de la verdad: el arquero no tiene reflejos… tiene velocidad de reacción.

Para empezar, los reflejos no se pueden controlar. ¿O acaso usted puede dejar su mano inmóvil sobre el fuego o evitar que su pierna se extienda tras un golpe en la rodilla? La velocidad de reacción, en cambio, no sólo se puede controlar, sino que además se perfectamente entrenable.

En una partida de 100 metros, el tiempo que transcurre entre el disparo y el primer movimiento de un corredor es un claro indicador de la velocidad de reacción. Si usted se somente a una serie continua de partidas, con el tiempo su velocidad de reacción irá en aumento: habrá logrado mejorar.

Ahora veamos de qué forma se organiza y estructura el esquema de la velocidad de reacción y su entrenamiento. Lo primero es reconocer tres fases, y que siguen una secuencia única:

  • Fase 1: Percepción (del estímulo)
  • Fase 2: Análisis y elaboración (de la respuesta)
  • Fase 3: Ejecución (del gesto motor)

De las tres fases, sólo podemos observar la última. Pero no podemos negar que un velocista escucha el disparo, y no es hasta entonces que empieza a moverse, si es que no quiere comenter una partida en falso. Existe, por lo tanto, un control racional sobre el movimiento. El corredor decide moverse o permanecer inmóvil, analizando constantemente la información que recibe del exterior.

Gracias a la comprensión de la estructura en que se funda la velocidad de reacción, el entrenamiento de la misma puede verse sensiblemente mejorado si se buscan ejercicios que apunten a desarrollar las dos primeras fases del sistema, y no sólo la última. Cuando realizamos trabajos de reacción donde sólo variamos las condiciones de salida (de sentado, de parado, de espaldas, etc.) estamos olvidando las fases de percepción y análisis.

Para lograr una metodología completa, es necesario varias los estímulos, teniendo en cuenta que también pueden ser visuales o táctiles, con todas las variables que la imaginación pueda aportar. También hay que trabajar sobre la segunda fase, creando situaciones de fácil resolución, donde el ejecutante deba realizar un rápido análisis de la situación antes de ejecutar. Un ejemplo de ésto sería “si digo blanco me quedo, si digo negro salgo corriendo”. Si el estímulo es visual: “si muestro una tarjeta roja me quedo, si muestro una tarjeta verde salgo”. Finalmente, si el estímulo es táctil: “si toco mano derecha salgo, si toco mano izquierda me quedo”.

Estas situaciones simples pueden hacerse más complejas con el tiempo, e incluso incorporarse al plan de entrenamiento de los deportes colectivos en sesiones de técnica o táctica individual. Un ejemplo en handball: “avanzo con pelota hacia un defensor, cuando el defensor levanta un brazo, realizo una finta hacia el lado contrario”.

Las posibilidades son infinitas, y todo depende de la creatividad del entrenador. Lo fundamental es entender que la velocidad de reacción es una cosa y los reflejos son otra; que la velocidad de reacción es entrenable y para aumentar su entrenabilidad es necesario trabajar sobre todas sus fases. Espero que esta información ayude a mejorar su trabajos de campo.

– Para saber más:”Entrenamiento de la velocidad”, de Juan Manuel Garcia Manso; “El entrenamiento de la velocidad”, de Gilles Cometti; “Nuevas metodologías del entrenamiento de la fuerza, la resistencia, la velocidad”, de Riccardo Mirella

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