Sobreentrenamiento, desentrenamiento y reentrenamiento

El éxito del entrenamiento deportivo depende del delicado equilibrio en la balanza de la supercompensación. Este fenómeno tantas veces nombrado y estudiado se basa en los procesos de adaptación que el organismo realiza a partir del juego que se da entre el catabolismo y el anabolismo. En otras palabras, sólo es posible mejorar cuando la carga de trabajo es la adecuada y la recuperación es la necesaria. Si la carga es excesiva y/o la recuperación es escasa, y esto se repite a lo largo de cierto tiempo, el deportista entra en un estado conocido como de sobreentrenamiento.

Ya sea por la incorrecta creencia de que “más es mejor” o por la falta de una planificación coherente, es muy común ver atletas fatigados con síntomas claros de sobreentrenamiento: falta de apetito, dolores de cabeza y musculares, dificultades para dormir, desgano y descenso del rendimiento, entre otros.

La mejor forma de prevenir el sobreentrenamiento es a través de una planificación ordenada, que alterne las intensidades de entrenamiento y a su vez incluya sesiones específicas de recuperación.

Una vez que se haya ingresado en el sobreentrenamiento, la única opción posible es suspender la actividad física e intentar métodos de recuperación tales como masajes, sauna, etc. También será de utilidad la revisión de la dieta, a fin de asegurar el reabastecimiento de glucógeno.

Ahora bien ¿qué sucede con aquellos deportistas que han llevado adelante una planificación ordenada y un entrenamiento sistemático, pero que están agotados de tantas horas de sacrificio? Al final de la temporada, no son pocos los atletas que “tiran la toalla” y se dedicana descansar más tiempo del que deberían. Esta merma en la exigencia física puede que sea necesaria, pero genera transtornos en los entrenadores porque ya saben lo que se viene. La fuerza y la potencia se pierden, la resistencia diminuye y la velocidad desaparece: el deportista sufre un desentrenamiento. Y eso no es nada: la pérdida suele ser proporcional a l ganancia. Por lo tanto es bueno pensar en un nivel mínimo de entrenamiento, buscando perder lo menos posible la forma deportiva.

Para cuando los estragos del desentrenamiento ya son irreversibles, no queda otra salida más que recuperar el estado de forma, en ocasiones empezando desde cero. Esta “vuelta a las pistas” se conoce como reentrenamiento, y en este caso es proporcional al tiempo que se ha permanecido en inactividad. Y eso no es todo: a mayhor calidad de atleta, mayor tiempo de reentrenamiento.

Todos estos datos parecen evidentes, pero muchas veces no son tenidos en cuenta, produciendo importantes pérdidas de tiempo o, en el peor de los casos, lesiones por una recuperación deficiente. Es por eso que a la hora de planificar es importante que el entrenador atienda a estos detalles no sólo para ganar tiempo, sino también para evitar futuros inconvenientes.

La fatiga

Parece increíble, pero hasta el día de hoy todavía no esta muy claro qué es ni qué produce la fatiga. Por ejemplo, para Edwards (1981), se trata de la “imposibilidad de mantener la fuerza requerida o esperada”, mientras que Vollestad y Sejersted (1988) la definen como la “disminución de la capacidad de generar fuerza”. Otras deficiones más complejas encierran el mismo concepto: la disminución de la capacidad de rendimiento.

Sin embargo, la fatiga es un factor ineludible en toda disciplina deportiva. Ya sea de tipo metabólica, muscular o nerviosa, la fatiga aparece tarde o temprano. No importa la duración o la intensidad del trabajo, todos los deportistas se fatigan. Y más aún: la fatiga es necesaria. De no haber fatiga, no habría adaptación.

Ahora bien, ¿cómo clasificamos a la fatiga? A efectos prácticos, suele distinguirse entre fatiga central y periférica. La primera se presenta en dos formas: como fatiga de recepción (sensorial) y como fatiga de control (centros nerviosos). La segunda es principalmente metabólica, y puede aparecen en forma local o general.

La fatia puede ser percibida por el entrenador mediante la constatación de una merma en el rendimiento deportivo. La capacidad se trabajo se reduce, la fuerza disminuye, la coordinación se pierde y comienzan a aparecer, a medida que la fatiga se acentúa, una serie de síntomas tales como: insomnio, cansancio general, pérdida de peso, cefales y sudoración nocturna, entre otros. Llegado este caso estamose n presencia de un estado crónico conocido como “sobreentrenamiento” (overtraining).

La primera medida en pos de la recuperación es detener el entrenamiento, sobre todo si se trata de una fatiga crónica. Cuando ésto no es así, basta con comenzar con algunos ejercicios regeneradores, como el trote suave en hierba y la elongación. En una segunda etapa también son útiles algunos medios naturales y/o mecánicos, tales como el tratamiento con frío, las duchas, el masaje o la oxigenoterapia. Finalmente, en el proceso de recuperación, tambien tinen su espacio los distintos productos recuperadores como las pastillas de magnesio o glucosa, cuya supervisación debe estar a cargo del entrenador.

Por último es importante recordar que la fatiga es una estado natural que forma parte del proceso del entenamiento deportivo. Entrenadores y atletas deben aprender a reconocer sus síntomas y obrar en consecuencia.