La termorregulación

Todos los mamíferos, el hombre incluído, deben mantener su temperatura interna en 36,5ºC. Variaciones tan sutiles de tan sólo 1º pueden comprometer su vida. Resulta entonces paradójica la capacidad del ser humano para soportar temperaturas extremas, tanto altas como bajas. Sin embargo, estas dos cuestiones, la mantención de la temperatura por un lado y la capacidad de soportar calores y fríos extremos por el otro, obedecen a una misma función: la termorregulación.

La termorregulación es, por lo tanto, el mecanismo que permite mantener estable la temperatura corporal. Así, cuando la temperatura interna sube, se ponen en marcha distintos mecanismos que tienden a bajarla, y viceversa. Estos mecanismos son:

  1. Si hace frío y debo aumentar y/o evitar la pérdida de calor:
  • Tiritar
  • Aumento de la secreción de adrenalina y noradrenalina
  • Vasoconstricción cutánea
  • Piloerección
  1. Si hace calor y debo bajar la temperatura y/o disminuir la producción de calor
  • Vasodilatación cutánea
  • Sudoración
  • Hiperventilación
  • Anorexia
  • Apatía

Ahora veamos de que forma se activan los distintos mecanismos de la termorregulación. El sistema consta de tres fases:

  1. Receptores
  2. Controladores
  3. Efectores

Y la secuencia se da de la siguiente forma: debajo de la piel se encuentran los distintos receptores senoriales, encargados de mantener atualizada la información acerca de la temperatura externa. Dos grupos de termorreceptores proporcionan información sobre la temperatura a nuestro centro termorregulador. Los receptores periféricos de la piel transmiten información sobre la temperatura de nuestra piel y sobre el ambiente que la rodea. Los receptores centrales de nuestro hipotálamo transmiten información sobre la temperatura corporal interna.

Esta información, una vez recibida, es transmitida a los distintos centros de control, encargados del análisis de situación. El hipotálamo alberga nuestro centro termorregulador. Actúa como un termostato, controlando nuestra temperatura y acelerando la périda o producción de calor según las necesidades.

Frente a cambios de temperatura, estos centros responden compensando el frío o el calor de manera tal que la temperatura interna se mantenga estable. Y lo hacen a través de los distintos mecanismos efectores antes mencionados.

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