El velocista, ¿nace o se hace?

Nunca me gustaron las respuestas salomónicas o las famosas “terceras” opciones. Por eso mismo no voy a decirles algo así como: “en realidad, el velocista es una combinación de genética y entrenamiento”. Voy a decidirme por una opción, y pienso hacerlo de la manera más categórica: el velocista nace.

La velocidad no es otra cosa más que una rápida manifestación de la fuerza, o sea que todos los velocistas son fuertes. Esta fuerza viene dada por el predominio de fibras rápidas y explosivas, también conocidas como FT I y II. Y el porcentaje de fibras musculares viene determinado genéticamente, sin posibilidad alguna de modificación.

Algunas investigaciones muestran un corrimiento de las fibras rápidas a explosivas luego de un trabajo específico de velocidad, pero igualmente se sabe que un adulto entrenado puede esperar mejorar su tiempo en 100 metros en un 15-20% como mucho (Weineck, 88).

Los parámetros antropométricos son otro factor a considerar. Los velocistas de elite no suelen ser muy altos, y guardan un cierto grado de proporcionalidad que luego les permitirá una cadencia adecuada y una fina relación entre frencuencia y zancada.

Por último, la bioquímica del metabolismo de los fosfágenos es fundamental para entender el proceso de la velocidad, ya que si bien las reservas de PC pueden aumentarse con entrenamiento específico y suplementación, también esta supeditada al componente genético.

El entrenamiento puede hacer muchas cosas por los velocistas, pero al final del día todos los que llegaron a la ronda final de la competencia nacieron veloces.

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