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Si la memoria no me falla (y esto no quiere decir que haya estado presente en aquellos días), no hemos visto a un velocista blanco de calidad desde la época de Valeri Borzov. Cada récord batido en 100 metros es derribado por un atleta de color, y desde Carl Lewis hasta Usain Bolt nos sobran los ejemplos: Donovan Bailey, Tyson Gay, Asafa Powell… y no hay que olvidarse de las mujeres: Veronica Campbell, Marion Jones, Florence Griffith, etc.

La pregunta es muy obvia ¿por qué los atletas de color son más rápidos? Hay varias respuestas posibles. Muchos argumentan que el secreto se encuentra en el porcentaje de fibras explosivas. Según esta idea, los atletas negros tendrían un porcentaje mayor de fibras rápidas, lo cual les permitiría desarrollar mayor velocidad y mantenerla por más tiempo. De todas las explicaciones posibles, ésta es la que más aceptación ha ganado en todo el mundo, a pesar de que muchos investigadores no han encontrado diferencias significativas.Veamos entonces algunas otras posibles explicaciones.

El mayor grado de tolerancia al ácido láctico parece ser, para algunos entrenadores, la clave de éxito de los atletas de color en pruebas cercanas a los 400 metros. Según esta interesante teoría, aun cuando los atletas blancos realicen muchos trabajos de tolerancia al lactato, los atletas negros tendrían una mejor capacidad de amortiguamiento, como así también un mecanismo más aceitado de remoción del ácido láctico.

Otros entrenadores sostienen que la estimulación temprana que reciben los niños negros en sus países de origen y su consecuente especialización deportiva incide directamente sobre los resultados a futuro. Es una posibilidad que uno puede tomar o dejar, lo cierto es que se trata de una hipótesis muy díficil de probar, ya que para eso tendríamos que tomar a una serie de niños blancos y prepararlos como velocistas desde muy pequeños…algo poco ético.

Ultimamente han surgido algunas ideas respecto a la morfología de los atletas. Se habla entonces de huesos más largos, músculos más grandes, inserciones proximales o distales más favorables y demás. Es un enfoque interesante que necesita algo más de investigación, y que puede ser más viable a la hora de diseñar métodos de estudio. Trabajos científicos recientes parecen determinar una cierta ventaja biomecánica presente en el tren inferior de los atletas negros, lo cual podría responder a la pregunta de la velocidad.

En algún momento he llegado a leer una teoría, de marcado corte antropológico, que sugería que la superioridad de los atletas negros tenía que ver con su mejor adaptación al medio. El sustento de la idea ayudaba a reforzar la visión de que no sólo ganan en pruebas de velocidad, sino también en pruebas de resistencia. En tal punto me gustaría aclarar que si bien distinguimos entre atletas blancos y negros, no lo hacemos por una cuestión racial, y una teoría del tal impronta me parece poco profesional. Sí creo que por las condiciones ambientales y de vida que se dan en ciertos lugares puedan existir atletas de color con mayores capacidades para el trabajo de resistencia, y que de seguro serán diferentes a las de los velocistas. Pero de ninguna manera puedo aceptar que se diga que tanto los blancos como los negros sean un eslabón superior en la cadena evolutiva.

Finalmente, ¿por qué los atletas de color son más rápidos? No lo sabemos. Y probablemente nunca lo sabremos. Y de hecho, si llegáramos a saberlo ¿podríamos cambiarlo? Y si se trata de alguna variable genética ¿no estaríamos incurriendo en doping al intentarlo? La investigación que tenemos por delante es todavía muy extensa como para empezar a pensar en los dilemas éticos que puedan traernos sus resultados. Mientras tanto, veamos al gran Valery Borzov obteniendo la medalla de oro en 100 y 200 metros en los Juegos de 1972 en Munich.

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Tal como sucedía con los términos de potencia y capacidad, el concepto de transferencia es un idea que muchos manejamos pero pocos sabemos que no tiene una definición que la encuadre dentro del área deportiva. Basta con consultar a la Real Academia para descubrir que la acepción más acorde a nuestra interpretación del vocablo dice que “transferir” es “pasar o llevar algo desde un lugar a otro”. Es cierto, la definición no ayuda mucho. Sin embargo, esto también nos abre a la posibilidad de realizar muchas posibles interpretaciones acerca de la transferencia en el deporte.

La primera de ellas tiene que ver con la alternativa de transferir algunos trabajos de carácter general hacia otros de tipo más específico. Tomemos como ejemplo a un jugador de fútbol. Si yo soy el preparador físico y diseño rutinas de fuerza, el objetivo primario no es aumentar esa fuerza, sino que el jugador patee una pelota con mayor potencia. Es decir que el trabajo de fuerza, si bien aumentará la fuerza, tiene como objetivo principal poder patear más fuerte la pelota. Leer esto hoy parece una tontería, pero hasta hace algunos años los entrenadores de fútbol escapaban al gimnasio porque argumentaban que las pesas volvían lento al jugador. Y tenían razón, porque en aquel entonces no existía esta visión.

Para que mi jugador de fútbol pueda patear más fuerte la pelota debo entrenador la fuerza. Pero ese trabajo de fuerza debe ser sometido a un proceso de transferencia, el cual permitirá traducir la potencia obtenida en el gimnasio a la práctica deportiva. Cuando el trabajo de transferencia falla, el entrenamiento de fuerza falla. Después podemos discutir de qué manera hacemos tal transferencia: si usamos pliometría, si usamos trabajos de velocidad, si usamos trabajos de potencia, etc. Lo que sí esta claro es que si solamente realicé trabajos de fuerza máxima y/o de hipetrofia, pero no busqué la manera de transferir sus efectos a la realidad deportiva, entonces no hay ningún sentido en el trabajo.

A su vez, el concepto de transferencia también puede emplearse en la metodología del entrenamiento. Es decir que independientemente del volumen y la intensidad, como entrenadores tenemos la virtud de elegir ejercicios que por su forma de ejecución se asemejan más o menos a la destreza deportiva. Imaginemos a un lanzador de disco. Como entrenador, puedo tenerlo dentro del gimnasio todos los días haciendo press de pecho y no estaría tan mal, ya que dentro de todo estoy haciendo un trabajo bastante específico. Sin embargo, si pudiera emplear ejercicios que se acerquen más al gesto deportivo, como pueden ser giros de tronco con la barra sobre la nuca, seguramente obtendría mejores resultados porque he conseguido transferir el trabajo de fuerza variando únicamente el tipo de ejercicio.

La transferencia en el deporte también puede verse en las evaluaciones. Cuando tomo la decisión de realizar un test sobre mi deportista, tengo que tener en cuenta que las variables a evaluar sean relevantes en el deporte. Y no sólo eso, tengo que buscar un test que simule lo más posible las condiciones en las que se dá ese deporte. Otra vez parece que estuviera hablando de cosas elementales, pero es en las cosas elementales donde más atención tenemos que poner. En más de una ocasión he visto a un corredor de 400 metros haciendo un test de Cooper, cuando su prueba es totalmente anaeróbica. De igual forma un test de Cooper también sería un sinrazón en un ciclista, aún cuando en su prueba el consumo máximo de oxígeno fuera relevante.

En el ámbito del entrenamiento de la resistencia, la transferencia suele darse más a nivel de los sistemas energéticos. Es decir, comienzo el año entrenando en base al desarrollo del sistema aeróbico y luego busco, a medida que aumento la intensidad de trabajo, realizar trabajos que se apoyen en la base construída. Un jugador que empienza el año con trabajos continuos variables, pronto pasa a trabajos fraccionados e incluso intermitentes. Estamos frente a un caso en donde lo que se transfiere es la capacidad de trabajo en sí, más que la capacidad propiamente dicha.

En el entrenamiento de la fuerza y la velocidad la cuestión es diferente. Yo puedo trabajar la fuerza máxima y mediante distintos métodos, como la pliometría, buscar capitalizar esa ganancia de fuerza en una expresión útil en mi deporte. El caso de la velocidad es similar ya que se trata de una manifestación rápida y/o explosiva de la fuerza. Un trabajo de velocidad en tal caso buscaría aprovecharse de las fibras empleadas para usarlas en su propio beneficio.

Para terminar, hay dos cosas que me gustaría dejar en claro. El primero, es que tradicionalmente asociaciamos el término transferencia con el trabajo de fuerza. Esto no esta mal, pero desde mi punto de vista es algo incompleto. Es lo que me lleva a la segunda cuestión: siempre tengamos presente las características del deporte, ya que todo lo que hagamos, desde un diagnóstico hasta el diseño de la sesión debe apuntar a eso. Cuanto más datos tengamos de la disciplina deportiva y más a fondo lleguemos a conocerla, mejor será la transferencia que podamos hacer, y ya no sólo en los trabajos de fuerza, sino en todos los elementos que estén a nuestro alcance.

La respuesta hormonal esta condicionada por la configuración específica de la carga de trabajo (orden de los ejercicios, la intensidad del trabajo, el número de series y repeticiones, y las recuperaciones). No podemos olvidar que las hormonas tienen la función de mensajeros químicos dentro del organismo (Manso, 1996)

El entrenamiento deportivo, y en especial el entrenamiento de fuerza, favorece tanto la producción como la acción de muchas hormonas íntimamente relacionadas con la buena salud. Esto es así porque con el sedentarismo, que además de traer las consecuencias lógicas del aumento de peso y desde ahí todas las patologías coronarias, también lleva que algunos órganos, tales como las glándulas, comiencen a atrofiarse. Este fenómeno produce una reducción en el nivel de secreción hormonal.

Determinadas hormonas como la testosterona han sido investigadas desde diversas perspectivas y en base a los más variados protocolos en el estudio del entrenamiento de la fuerza. Como veremos a continuación, el campo de investigación es mucho más amplio. Analicemos, entonces, algunas de las principales hormonas del entrenamiento deportivo:

Testosterona

Los hombres la fabrican mayormente en los testículos, mientras que las mujeres, con una producción 10 a 20 veces inferior, hacen lo propio en los ovarios. Esta hormona cumple con una función androgénica (virilizante) y anabólica. Tiene una vida muy corta, cerca de 12 minutos, y el nivel de producción varía durante el día, mostrando picos por la mañana e importantes descensos por la tarde. Más información en el siguiente post: “La influencia de la testosterona en la fuerza muscular”

Hormona de crecimiento (GH)

También conocida como somatotropina, esta hormona cumple con una función anabólica al tiempo que regula la glucemia. Los ejercicios de gran intensidad son los principales estimuladores de producción, la cual se ve intensificada también por los estrógenos, la testosterona, la progesterona y hormonas tiroides.

Insulina

Conocida por su importancia a la hora de mantener la glucemia, es fundamental durante el proceso de recuperación gracias a que ayuda a la captación de aminoácidos por parte del músculo. Segregada por el páncreas y con una vida promedio de 20 minutos, su liberación esta regulada por el incremento en la concentración de la glucosa plasmática. Más información en el siguiente post: “La importancia de la insulina en el entrenamiento de fuerza”

Adenocorticotrofina

Estimula el trofismo (desarrollo, formación) y las secreciones de la glándula suprarrenal

Hormona Luteinizante

En las mujeres, es la precursora de la progesterona. En los hombres, de la testosterona.

Sin lugar a dudas quedan muchas hormonas en el tintero. Como siempre, la idea no es realizar un estudio científico y detallado de los temas que vemos, sino simplemente ayudar a los iniciados y a quienes gustan de repasar conceptos a poder focalizar los puntos importantes de cada tema. Más allá de nuestra comprensión acerca de los procesos hormonales y su proyección en el entrenamiento deportivo, esta claro que la mayoría de las veces es muy poco lo que podemos hacer como entrenadores para cambiar esas cuestiones. En el futuro veremos cuales son las adecuaciones que sí son factibles de realizar aun en condiciones adversas.

El cine muchas veces sirve como disparador para echar un vistazo a la historia y encontrarse con sorpresas.  Es probable que antes de los estrenos de Troya y 300 poca gente conociera el armamento militar de los griegos. Lo cierto es que lejos de pretender realizar una crítica cinematográfica, ambas películas reflejan con gran veracidad tanto el diseño como el manejo de sus armas. Y es que lo que para nosotros hoy es un deporte, para ellos hace más de dos mil años era un método de supervivencia.

La frase “Eetam eepitás”, cuya traducción literaria significa “con ésto o sobre eso” y que en la película 300 se menciona como “vuelve con el escudo o encima de él”, no es para nada una metáfora. La formación de un soldado espartano se basaba principalmente en el desarrollo físico. Y si bien es cierto que el aspecto intelectual también era considerado, resulta notorio el hincapié colocado en el desarrollo de la fuerza y la destreza.

Además del escudo y la espada corta, sumamente útil para el combate a corta distancia, los griegos contaban en su arsenal con un arma certera y mortífera: la jabalina. Empleada también en la lucha cuerpo a cuerpo, la jabalina resultaba útil para acabar con un enemigo ubicado a cierta distancia. Debido a eso, los soldados debían contar con altos grados de fuerza y precisión.

Para el entrenamiento del lanzamiento de jabalina los griegos solían realizar competencias de distancia y puntería. Por desgracia se han perdido casi todos los registros de aquellos tiempos, y es muy poca la información que ha subsistido hasta nuestros días. Sin embargo sabemos que las jabalinas empleadas en las competencias poseían un encordado al igual que las jabalinas actuales. Y no sólo eso, contaban además con una suerte de anillo ubicado al final del encordado, para que el lanzador pudiera pasar su dedo índice por él e inyectarle mayor fuerza al lanzamiento.

El actualidad el lazo ha sido suprimido y el encordado ha sido movido del centro de gravedad de la jabalina para provocar una caída prematura. Aun así las marcas siguen en ascenso, y es probable que muy pronto haya que volver a introducir modificaciones reglamentarias para el lanzamiento.

Junto al lanzamiento del disco, el lanzamiento de la jabalina supera la prueba del tiempo y debuta en los Juegos Olímpicos de 1896 en Atenas para continuar hasta nuestros días. Su principal estrella es sin dudas el lanzador checho Jan Zelezny, 3 veces campeón del mundo y 3 veces campeón olímpico. Su increíble marca de 98,48 metros con la vieja jabalina suena inverosímil. Les dejo un video para que disfruten.

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¿Podemos “entrenar” la resistencia en niños de 6 a 10 años? Esta es una pregunta muy común entre los estudiantes, quienes suelen asociar el término entrenar con el alto rendimiento deportivo. Esto no es así. Entrenar tiene que ver con alcanzar un nivel superior en el estado de forma. Desde esta perspectiva, el entrenamiento de la resistencia en la infancia deja de ser una opción para convertirse en una obligación.

Durante esos añor, el profesor buscará explotar el sistema aeróbico de producción de energía, sobre todo porque algunas de las enzimas glucolíticas propias del sistema anaeróbico aún son insuficientes como para ser tenidas en cuenta. Así, el gran porcentaje de los trabajos se orientará al desarrollo de la resistencia de base, buscando optimizar la técnica de carrera y promoviendo el uso de los ácidos grasos libres. De esta forma el entrenamiento mejora la resistencia general al tiempo que favorece el gasto energético.

Por otra parte, el entrenamiento aeróbico en esta etapa de la vida servirá de base para el trabajo anaeróbico que se iniciará en la pubertad. Sin embargo, pueden incluirse algunos trabajos de carácter anaeróbico siempre y cuando sean breves y con pausas muy amplias.

Existen varios métodos para el desarrollo de la resistencia, siendo el de carrera continua el que ofrece mayores posibilidades de control, ya que permite medir el tiempo y la distancia. No obstante hay que pensar en que el abuso de esta metodología puede presentar ciertos inconvenientes: ningún chico quiere salir a trotar 15 o 20 minutos todos los días.  Por eso, la carrera continua puede mezclarse con entrenamientos que incluyan pausas y cambios de ritmo: los juegos.

Cualquier tipo de juego que lleve al niño a correr sin importar la intensidad de la carrera será un agente promotor de la resistencia. Esta metodología ofrece la ventaja de ser placentera y atractiva, aunque es muy difícil establecer los tiempos de trabajo y descanso. Por tal motivo, existe una tercer variante para el entrenamiento de la resistencia en niños: los circuitos. Sobre este tipo de entrenamiento ya hemos hablando en otro momento. (Ver post)

Con respecto a la frecuencia semanal de entrenamiento, lo idea sería de 3 a 4 veces hasta los 10 años, para pasar a 5 o 6 estímulos luego de los 13 años. La realidad de nuestr educación física esta muy lejos de estos objetivos, y lo cierto es que mucho del entrenamiento que los niños realizan lo hacen fuera de toda supervisación. De todos modos, sería bueno asegurarse una base diaria de al menos 20 a 30 minutos de trabajo.

La intensidad siempre será baja y media, dejándose para casas especiales los trabajos de alta intensidad. Hay que recordar que el niño no se encuentra apto para trabajos anaeróbicos lácticos ni física ni psíquicamente. Sólo a través de trabajos aeróbicos podrá ir construyendo la confianza necesaria como para ir adentrándose en actividades más fuertes.

Finalmente sería bueno tener en cuenta la utilización de un calzado apropiado para los entrenamientos de resistencia, los cuales a su vez deben ser practicados siempre sobre terrenos suaves y blandos. Como la termorregulación en los niños no es muy eficiente, conviene evitar la práctica de tales actividades cuando la temperatura supere los 28 a 30º, como así también en ambientes muy cargados de humedad. Recordemos que más allá del 75% la capacidad de enfriamiento del cuerpo se ve seriamente comprometida debido a que el medio ya no puede tomar el líquido y el proceso de condensación queda anulado.

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Hoy es uno de los lanzamientos mas llamativos del atletismo, y sin embargo los antiguos griegos jamás lo conocieron. En su programa olímpico sólo se practicaba el disco y la jabalina, en tanto que la bala y el martillo son disciplinas propias de los Juegos Olímpicos modernos.  La bala como munición de cañones y el martillo como elemento para la forja, se han incorporado a los Juegos de la mano de la modernidad, quien ha sabido modificarlos y así sumarlos a la familia de las pruebas de campo.

El lanzamiento de martillo prevalece sobre los otros lanzamientos por el impacto visual que produce. Los atletas que lo pratican son de una gran contextura física, rápidos, altos y explosivos, y aún así muy técnicos y flexibles. Dejan en claro que no todo se trata de fuerza bruta.  Se trata además de un lanzamiento pesado, recordemos que el martillo un poco más de 7 kilos, y de un lanzamiento largo, con un récord del mundo que supera los 80 metros.

La técnica de lanzamiento se divide en fases, a saber:

  • Toma del implemento
  • Boleos
  • Grios (3 o 4)
  • Saque
  • Invserión de pies

La toma del implemento se realiza, en los lanzadores diestros, con la mano izquierda enguatada, ya que será la que tome contacto con la manjia del martillo. La “manija” o “asa” del martillo apoya sobre la segunda falanga de los dedoss, al tiempo que la mano derecha rodea a la mano izquierda.

En la fase de boleos, el lanzador busca darle velocidad al implemento a través de giros concéntricos realizados con el martillo. Estos giros tienen un punto bajo, que es un poco más adelante de la punta del pie derecho, y un punto algo, que se ubica arriba y detrás del lanzador, en oposición al punto bajo. Aquí es importante que el lanzador conserve siempre su punto bajo, para evitar que el martillo “se le adelante” y lo haga caer o lanzar mal.

Al momento de entrar en los giros, el lanzador pivotea sobre su talón izquierdo y continúa boleando al martillo en el mismo plano de lanzamiento (punto alto – punto bajo). Aquí, la fuerza y la destreza se hacen más que evidentes. El lanzador novato puede dar gracias cuando consigue su primer giro, y no es sino después de mucho entrenamiento técnico que el lanzador consigue 3 o 4 giros.  En esta sucesión de giros, el lanzador va ubicando sus pies en forma paralela y de manera perpenticular a la zona de caída. Por su parte, la velocidad se va incrementando con cada vuelta, lo cual hace que el equilibrio sea fundamental.

Completado el último giro, el lanzador se planta con firmeza y realiza el último recorrido del martillo por el plano delimitado por el punto alto y bajo. Mediante un tirón transmite lo último de fuerza que aún puede sumar y dejar escapar al martillo justo cuando éste alcanza la cima de su recorrido. La inversión de la energía es tal, que casi no es necesario el cambio de pies. Toda la fuerza se ha ido con el martillo.

Además de ser un excelente lanzamiento para practicar, otros lanzadores pueden emplearlo como método de entrenamiento. Se trata de una prueba que promueve la fuerza, la destreza, la potencia, la flexibilidad, el equilibrio y la coordinación. Se trata, pues, de una prueba de campo que puede practicarse con pesos más liviano, pero practicarse al fin, tanto por sus virtudes a nivel de entrenamiento como por sus condiciones a nivel de espectáculo.

Les dejo un interesante video que, si bien es un poco extenso, resulta interesante gracias a que el lanzamiento es tomando con una cámara de alta velocidad, lo cual ayuda a verlo más claramente.

De hace un tiempo a esta parte, las bebidas deportivas han aumentado su presencia en los medios al tiempo que han forjado la idea de ser imprescindibles para el entrenamiento deportivo. Si bien es verdad que algunas de estas bebidas realmente hacen un excelente aporte a la preparación física de los deportistas, también es verdad que hay otras variables mucho más importantes a tener en cuenta antes que las bebidas.

Las bebidas deportivas no son otra cosa más que suplementación líquida. Es barata, fácil de conseguir y muy refrescante, pero suplementación al fin. Y tal como sucede con todo lo que sea suplementación, poco sentido tiene si se aplica sin tener en cuenta algunos aspectos.

La base energética del deportista reside en su alimentación. Si su alimentación es deficiente porque no se encuentra debidamente controlada ¿qué sentido tiene recurrir a las bebidas? Primero controlemos esa alimentación y entonces, cuando aun siendo la indicada no alcace a cubrir las demandas, entonces pasemos a las bebibas. Incluso las que reponer sales e hidratos pueden llegar a estar demás si nuestro deportista hace una rápida colación al terminar su trabajo.

Es cierto que los hidratos en forma líquida se absorben más rápido. Pero, ¿para qué necesitamos que se asimilen rápidamente? A veces no nos hacemos preguntas importantes y solamente vemos lo que la publicidad nos quiere mostrar. Por otro lado, no todas las bebidas son iguales y por tal, tienen objetivos distintos. Veamos:

  1. Isotónicas
  2. Hipertónicas
  3. Hipotónicas

Las bebibas isotónicas son muy empleadas en el entrenamiento ya que permiten una rápida asimilación a la vez que reponen hidratos y sales minerales. Son ideales para la práctica deportivas en ambientes calurosos ya que en esos casos se transpira mucho y se pierde gran cantidad de agua y micronutrientes. El Gatorade y el Powerade son las bebidas más conocidas de este tipo.

Las bebidas hipertónicas permiten una mayor secreción de agua, lo cual las vuelve útiles para la práctica deportiva en ambientes fríos. También aportan una importante cantidad de carbohidratos.

Las bebidas hipotónicas, como el agua, son recomendables en actividades de baja y media intensidad y que no superen la hora. Es decir, muchas veces el agua alcanza y sobre para reponer lo perdido.

Desde el punto de vista de la recuperación, no hay duda de que las bebidas isotónicas ocupan el primer lugar. Si comprarlas resulta un problema para nuestro bolsillo, siempre existe la posibilidad de fabricar lo que los entrenadores llamados “gatorade casero”. Esta es su composición:

  • 1 litro de agua
  • 2 naranjas o 2 limones
  • 1 pizca de bicarbonato de sodio (500 mg)
  • 1 pizca de sal de mesa
  • 3 cucharadas soperas de azúcar

Los Juegos Olímpicos son un legado griego. Los griegos, famosos en la historia por el incríble aporte que han realizado a la sociedad occidental, pensaban que los derechos ciudadanos sólo podían ser reservados a los hombres libres, privando así a las mujeres y a los esclavos de tales facultades. La mujer, como era de esperarse, no estaba bien vista en dicha sociedad. Los Juegos Olímpicos eran, por lo tanto, un evento reservado para los hombres. Si una mujer violaba la ley, la pena era la muerte.

Cuenta la historia que en el año 396 a.C., Ferenice de Rodas, hermana de varios campeones, ingresó disfrazada al estadio para ver competir a su hijo. Tras su triunfo, Ferenice corrió a felicitarlo. Por desgracia, su túnica se abrió y su identidad fue descubierta. El reglamento era claro: las mujeres no podían entrar al estadio. El castigo era la muerte, pero su pertenencia a una familia de atletas ganadores la salvó. Desde entonces, los griegos decidieron que mientras se compitiera los entrenadores debían esperar desnudos en una habitación cerrada.

Lejos de aquellos tiempos, en el apogeo vanguardista, la aparición del cine sonoro y los viejos recuerdos de la primera guerra mundial, los Juegos Olímpicos de 1928 celebrados en Amsterdam resultarán los más amistosos que se recuerden. La pista se estandarizó en 400 metros y por primera vez… compitieron mujeres.

Cuatro años antes el Comité Olímpico Internacional (COI) había votado a favor de la inclusión de las mujeres en el programa olímpico, y finalmente el sueño de las primeras atletas se hizo realidad. Fue sólo en algunas pruebas, pero era el comienzo. El paso estaba dado y no pasaría mucho tiempo para empezar a contemplar increíbles récords.

Así fue como 56 años después,las mujeres rompían con el mito de su incapacidad para correr distancias largas. En el magnífico escenario de los Juegos Olímpicos de Los Angeles, en 1984, la norteamericana Joan Benoit se consagró como la primera ganadora de los agotadores 42 kilómetros con 195 metros. Pero el final fue memorable por partida doble. La corredora Gabriela Andersen, casi al borde del desmayo, consiguió ingresar al estadio en medio de una ovación impresionante. Les dejo el video, donde se observa el triundo de Benoit y la fuerza de voluntad de Andersen. Es curioso escuchar al relator diciendo “un espectáculo grotesco”. Es obvio que hay gente que no entiende nada…

El 5 de junio en Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, tuvo lugar el encuentro entre los alumnos del profesorado de educación física donde me desempeño como docente y el campeón olímpico Juan Curuchet. ¿El motivo? Presentar el libro biográfico “Sangre, sudor y oro”, del periodista Marcelo Maller.

En su charla refirió anécdotas de su carrera deportiva y su vida personal, al tiempo que respondió preguntas de los presentes. Mención aparte para el momento en que el campeón enseñó la medalla dorada obtenida en los Juegos Olímpicos de 2008, en Beijing.

Durante la velada, el campeón dejó en claro las razones de su triunfo: 24 años de lucha ininterrumpida, con altas y bajas, pero siempre con la vista al frente y los brazos en alto. Símbolo de la honestidad, la dignidad, la sencillez y la simpleza, Juan Curuchet dió una verdadera clase de valores.

Al final del encuentro, el autor del libro y el campeón olímpico firmaron ejemplares y autógrafos, al tiempo que posaron para las tan ansiadas frotografías que los alumnos demandaban. Como testigo del evento me siento halagado de haber compartido una noche tan increíble. Ojalá siempre haya una oportunidad para repetir este inolvidable encuentro. Gracias Juan. Gracias campeón.

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El lanzamiento de la jabalina se desarrolla a través de una técnica de tipo lineal, y será así hasta que cambie el reglamento, el cual establece que el atleta no puede darle la espalda a la zona de caída. Para muchos se trataría de una ventaja ya que a simple vista los lanzamientos con rotación, como disco y martillo, parecen ser más difíciles. Sin embargo, y al menos desde mi experiencia como entrenador, el lanzamiento de jabalina siempre ha presentado mayores dificultades a la hora de someterlo a un proceso de enseñanza y aprendizaje. Justamente en base a esta experiencia he ido elaborando una serie de consideraciones pedagógicas y didácticas que pueden servirle a otros profesores y entrenadores a la hora de enseñar este lanzamiento. Los invito a empezar:

  1. La movilidad articular. Es fundamental en el lanzamiento. Hay que trabajarla en todas y cada una de las clases, sin excepción. Es preferible perder tiempo de ejercitaciones a perder tiempo dedicado a la movilidad, tanto de brazos, como de espalda y cintura.
  2. La toma de la jabalina. La toma americana, con el dedo índice y el pulgar detrás del encordado, resulta la más cómoda para la gran mayoría. No perdamos tiempo practicando las tomas restantes y dejémoslas sólo para cuando observemos problemas con la americana.
  3. La posición de fuerza. Es crucial para el lanzamiento. No se puede ni se debe avanzar hasta tanto dicha posición no se encuentre incorporada.
  4. El saque. Conviene trabajarlo con pelotitas primero, prestando atención a la posición del codo y al ángulo brazo – antebrazo, antes que a la velocidad o la distancia. También habrá que observar el “armado del brazo”, ya que muchos chicos tienden a llevar el brazo hacia adelante y arriba, para luego bajarlo.
  5. Pasos especiales. Sólo deben aparecen luego de que la posición de fuerza y el saque estan incorporados. Hay que comenzar a realizarlos caminando y luego al trote, sin jabalina y focalizando la acción en el ritmo de los pasos primero, y en la posición después. Conviene trabajar desde el inicio con cinco pasos especiales.
  6. El transporte de la jabalina. En un principio la mejor manera es arrancar llevando la jabalina abajo, quitándole al atleta una preocupación más.
  7. El descenso de la jabalina. La técnica soviética, que consiste en extender el brazo y llevarlo hacia atrás extendido, es la que más resultado me ha dado, si bien la ténica sueca también es bastante sencilla.
  8. El punto de lanzamiento. Los chicos acostumbran a lanzar desde el límite de la corredera. Al hacer esto no se percatan de la pérdida de velocidad que tan tenido que realizar a fin de evitar el nulo. Por tal motivo es importante trabajar esta cuestión desde el principio, colocando un punto de lanzamiento ubicado un par de metros antes del ímite del nulo, y pedirle a los chicos que realicen su lanzamiento desde ese lugar.
  9. La inversión de pies. Hay que trabajarla desde el inicio. En los ejercicios técnicos para la posición de fuerza debemos remarcar el momento preciso para realizar dicho cambio de pies.
  10. Desarmar el movimiento. Los lanzamientos completos sólo deben ser realizados en etapas más avanzadas del proceso de enseñanza. Podemos unir carrera de aproximación con descenso de la jabalina, o pasos especiales son posición de fuerza y saque, pero reservemos la técnica completa para más adelante.

La técnica del lanzamiento de la jabalina es sumamente compleja y de difícil adquisición. Sin dudas hay muchas más recomendaciones para su enseñanza y aprendizaje, pero estoy seguro de que este simple decálogo será de mucha ayuda para todos aquellos profesores y entrenadores interesados en trabajar sobre este hermoso lanzamiento.

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